Mi primera Maratón, por José Pérez

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EL CAMINO…

Hablar de mi primer maratón en Barcelona 2014 sin hablar de mi preparación para Sevilla 2013 sería impensable para mí y aunque hay mucha distancia en el tiempo entre ellas, las dos van ligadas y luego entenderéis porqué.

Decidí enfrentarme a la gran distancia allá por octubre de 2012, una vez empezada la temporada. Aunque llevaba ya bastante tiempo corriendo, a día de hoy pienso que aun era un novato, es más, pienso que aun soy un novato, el caso es que la decisión estaba tomada. La fecha seria febrero, junto a todo el Club Atletas Populares de Plasencia, gran familia. Correr junto a ellos, que quieras que no da seguridad ir arropado, haría perfecto mi debut en el lugar idóneo por su perfil, Sevilla. El año se presentaba bien, buenas sensaciones, marcas en medio maratón, que aunque sé que para alguien que medio se dedique a esto son ridículas, para mi eran y son todo un orgullo, sensación de estar muy crecido y poder con todo (aquí el gran error)…tras una temporada de un gran volumen de kilómetros, sin perderme una sola cita y metiendo más kilómetros incluso de los que marcaban nuestras planillas comencé el entreno especifico.

Pues en efecto, toda esa carga, sumada a un entreno que cualquiera que haya corrido un maratón conoce, al poco descanso y también a mi cabezonería de terminar cada minuto de entrenamiento aunque fuera a rastras propiciaron una fuerte lesión que apareció a un mes y medio de la cita durante la tirada más larga. Esta lesión me dejaba sin poder correr más de 6-7  minutos seguidos, y me costó recuperarla 3 meses. Es una de las más comunes en corredores, pero no por ser común es menos jodida, se trata del síndrome de cintilla iliotibial sumado a una condromalacia rotuliana tan solo de grado 1 pero que a día de hoy sigue dándome la lata y mucho.

Así, quedaba fuera la posibilidad del maratón y todo se centro en recuperar. Fueron 3 meses de fisios, osteópatas, magneto, electro….hasta que conseguí mejorar poco a poco el tema de la cintilla iliotibial, la condromalacia irá conmigo de por vida.

Tras pasar por esto la espina que se me clavó fue enorme, hasta el punto de ponerme como objetivo único (de nuevo error) para esta temporada correr un maratón, nada de marcas en medio ni en 10 miles ni nada. Y digo de nuevo error porque a día de hoy pienso que es más importante llegar con buena base al entrenamiento especifico de maratón que el propio entreno del maratón, es decir, meterte unas buenas medias maratones antes de empezar el entreno de maratón y dejando el descanso oportuno. Quizás me lee alguien que entienda y se descojona pero es mi humilde opinión.

Por tanto empezaba esta temporada con el único objetivo de maratón pero en el mes de septiembre cogí una neumonía que mermaba muchísimo mi capacidad pulmonar, llegando a niveles de respiración de cuando empecé a correr, ¡asfixiándome corriendo por encima de 6! Ahora el trabajo seria doble, recuperar y empezar a entrenar  ¡si es que soy un desgraciado no me han podido pasar más cosas!…bueno si.

Una vez “recuperado” de esto comenzaba la temporada allá casi por diciembre, se me echaba el tiempo encima, así que simplemente metí kilómetros y corrí alguna medio en plan suave antes de empezar a entrenar el maratón.

ENTRENAMIENTO ESPECÍFICO MARATÓN.

Sencillamente cogí la planilla del año anterior y me puse “pies a la obra”, aunque obviamente mis circunstancias eran diferentes en cuanto a forma física y situación personal. Por motivos de trabajo ya no podía entrenar con la familia de Atletas Populares de Plasencia, lo que hacía aun más difícil el reto, ya que lo entrenaría solo y con los miedos de que las lesiones me dejaran fuera de juego de nuevo, pero le puse ganas y a por ello.

He de decir que a punto estuve de tirar la toalla, ya no solo por esos sufridos entrenos de invierno, yo solo con un frontal por los caminos de los bosques de alrededor de Castellar del Valles, además de por esas sufridas series, solo en las pistas, sino también porque a un mes del maratón se me hicieron placas en la garganta y me dejaron 7 días sin entrenar. Pero otra vez le ponía dos narices y tras haber salido a entrenar incluso con fiebre hubo dos días después de esas placas, que no se me olvidaran, coincidían en sábado y domingo, que salí sin ni siquiera mirar la planilla, a ver qué tal estaba y según me encontrara decidir. Y bueno el resultado fueron dos entrenos de 100 minutos cada uno y con buenas sensaciones. La conclusión era que el entreno de todas las semanas anteriores estaba ahí, el cuerpo tiene buena memoria y un trabajo de varias semanas no lo pierdes en una, así que de nuevo agarraba mi planilla y le ponía muchísimas ganas.

A las ganas se sumaba que cada vez quedaba menos para la cita y los nervios de que las lesiones afloraran. El miedo no era por nada, mi tendón rotuliano estaba avisando, por lo que a partir de aquí el ritual de cada día al llegar de entrenar y un sin fin de estiramientos se multiplicaba por dos. Todo este ritual de trabajo de estiramientos, hielo, fisio, pastillas, radiosalil y demás potingues, sumado al descenso de kilómetros en las últimas semanas hacían que las sensaciones fueran mejorando y a la vez el ansia de la carrera fuera creciendo hasta que por fin llego el día tan esperado.

La semana anterior yo era un manojo de nervios, todo eran incógnitas: ¿Había entrenado bien?, ¿Había entrenado suficiente?, ¿Aguantaría la rodilla la carrera?…etc. Tooooodoooo el día pensando en la carrera, hasta que tras una infiltración de rodilla para asegurarme recoger lo sembrado en un año y medio de lucha, llegaba el día de la maratón.

DÍA DE LA CARRERA
Con mi compañero Jorge, del Club de Atletas Populares de Plasencia.

Con mi compañero Jorge, del Club de Atletas Populares de Plasencia.

La carrera comenzaba a las 8:30 de la mañana y la idea era despertarme a las 05:00h e ir con tiempo de sobra hasta Barcelona para encontrarme con Jorge. Sin embargo los nervios me despertaban a las 03:00h de la mañana!

Así que nada, ritual como en cada carrera y a esperar a que se despertara Mi Chica (la verdadera sufridora de todo esto). Eso si es constancia para aguantar a alguien durante año y medio y no los 42.195 metros. La distancia en si acojona solo de decirla, la verdad, y una vez hecha se hacen realidad frases que te han dicho antes del tipo “un maratón no son dos medias, es mucho más dura”.

Bueno pues finalmente salíamos a Barna y me encontré con Jorge en la estación de Sants. Hasta este punto no se me pasaron los nervios y ahora era cuando empezaban a convertirse en verdadero disfrute. Ambientazo en una Barcelona invadida por corredores de todo el mundo y un público increíble que estaba en la calle desde primera hora. La hora de la salida se iba acercando y volvían un poco los nervios: ¿Me habré dado vaselina en todos sitios?, ¿se me hará alguna arruga que me prepare ampollas? Que no me falle el reloj, que aguante la batería del IPOD….y por fin la salida: ESPECTACULAR!!!

¡¡Subidón!!

¡¡Subidón!!

Ver salir a la élite con otros 20.000 ti@s ansiosos por empezar a correr y aplaudiendo es una sensación que pone los pelos de punta. Yo creo q cualquiera de este mundillo recuerda ese momento de su primer maratón. Y por fin llegaba el momento, nosotros salíamos del cajón de 3:30-3:45, la idea era ir a ritmo de 5 y ver que sensaciones iban apareciendo.

Salí eufórico, manteniendo bien el ritmo pero sin parar de mirar de un lado a otro, de hablar con Jorge, de mirar cada animación, de fijarme en todo, de animarme a mí mismo, de gritar…como un niño pequeño vamos…tanta tontería hizo que rápido apareciera flato, así que decidí callarme la boca y centrarme en correr, aunque sin dejar de disfrutar de mi esperado día, al menos hasta que se pasara el flato. Los primeros kilómetros ni me enteré, la verdad, tenía la sensación de haber salido hacia nada y ya estábamos en el 10, primer punto donde veríamos a la familia y Luna me daría una camiseta seca (manías mías).

A partir de aquí empezábamos a ponernos un poco más serios aunque era inevitable irnos pegando fotos y hablando pero era una sensación muy cómoda y los kilómetros iban cayendo uno detrás de otro hasta que cuando nos quisimos dar cuenta estábamos en el medio maratón. Ya se empezaba a ver algún cadáver, sinceramente a estas alturas de la carrera no era normal ver cadáveres, eso no era mella del calor, eso eran locos que ese día se levantaron y pensaron que un maratón se entrenaba en dos días o sencillamente lo mismo que me hubiera pasado a mi si en vez de ir a mi ritmo maratón me hubiera puesto a ritmo de una medio y a ver que pasaba…

Disfrutando de la carrera...

Disfrutando de la carrera…

En fin, a partir de aquí ya si se ponía seria la cosa, todavía mantenía el ritmo sin problemas aunque los kilómetros y un calor poco habitual para ser marzo iban haciendo aparecer sensaciones menos cómodas que hasta entonces, pero sin problemas para mantener el ritmo, y así hasta el 31-32. En este punto ya era otra historia, hasta aquí había hecho algunos entrenos pero a partir de aquí estaba completamente virgen. Me puse los cascos y me cambie por segunda vez de camiseta para afrontar la última parte de la carrera.

A esta altura perdía a Jorge que se quedaba un poco atrás. Aquí empezaba a costar mantener el ritmo que sin querer se iba yendo cada vez mas. En estas circunstancias llegue hasta el 34-35, donde el muro aparecía en todo su esplendor, y no lo pase, me lo lleve conmigo hasta el 42. Fueron 7-8 km de sufrimiento, fue como correr otros 42 donde incluso los sentidos empezaban a fallar. Miraba el reloj y me costaba calcular que ritmo debía mantener si quería bajar de 3:35, de 3:40….no era capaz de calcularlo!

Esta zona es la más animada en cuanto a público, que yo creo que si no es por eso no llego, aunque en el estado que iba sólo escuchaba a lo lejos los ánimos en catalán…. “vinga anims”, “ja hi seu”. No era falta de fuerzas sino problemas con los músculos, dolor en el tibial y tobillo izquierdo, tiene narices! partes de mi cuerpo que no habían protestado jamás y alguna ampolla y uña tocada, pero bueno, ahora si tocaba apretar los dientes.

Muy lentamente pasaban los kilómetros hasta llegar al 40. Llegado aquí todavía no veía nada claro que fuera a terminar, pero el objetivo era no parar en ningún momento, no andar, porque si me paro a andar no sigo, así que apreté los dientes y seguí al ritmo que sencillamente me dejaban los músculos de mis piernas. Tras ese calvario de dos km. de subida para rematar el tema llegaba al 41,5, último punto donde me esperaría la familia y en efecto, allí estaban! ya no había gritos, ni risas, ni aplausos para auto-animarme, simplemente se me cayeron las lagrimas y los sentimientos eran una mezcla entre indefenso por haberle dado a tu cuerpo una hostia de 42.195 metros y una alegría inmensa de que lo había conseguido, con estos pensamientos subí el último tramo del Paral-lel para luego girar a izquierda y encarar la última recta hasta el arco de meta, donde tras cruzarlo parando el crono en 3:44 y brazos en alto se caía otra lagrimilla, fruto de haberme demostrado a mi mismo que el sacrificio y el esfuerzo puede con todo lo que se te pueda poner en contra. Sencillamente es una sensación de felicidad.

Moraleja: Todo el mundo en su vida debería experimentar al menos una vez en la vida las sensaciones de preparar y correr un maratón.

La recompensa a todo lo pasado, lesiones, entrenos, sacrificios...

La recompensa a todo lo pasado, lesiones, entrenos, sacrificios…

 

5 Comments

  1. Gran cronica Jose. Esperando que vuelvas y compartir algun rato contigo.

  2. Juan Andrés Moreno RubioNo Gravatar

    20 noviembre, 2014 at 10:22

    Chami, me ha encantao. Hasta me has metido ganas, cabrón.. yo q con las medias vivía feliz ya.

    Un abrazo!!

  3. Joder Jose, que sorpresa me he llevado. Yo también “sufrí” parte de tus lesiones, jajajaja. A por el siguiente. Mucho ánimo

  4. Gran crónica amigo
    deseando que lleguen las vacaciones de Navidad para compartir kms.

  5. Joe q de comentarios! Gracias… La próxima si consigo terminar la locura de esta temporada. Trailwalker 2015! Hasta pronto!

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